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En las pedregosas y escarpadas laderas
del Duero, por la bendición del sol y por el
esfuerzo del hombre, las viñas producen un néctar
digno de la mesa de los dioses.
En el Duero aparecen vestigios arqueológicos
anteriores a la viticultura. De hecho, pasaron por
esta región pueblos que descubrieron la riqueza
del subsuelo y explotaron oro y estaño que
no sólo eran abundantes, sino que además
podían ser extraídos con los medios
rudimentarios existentes en los tiempos prehistóricos.
El paso de la obtención de estaño
al cultivo del vino fue rápido y en el margen
izquierdo del río Pinhão, reconocidamente
ancestral, se encuentra la "Quinta do Estanho",
conocida por el nombre del mineral que allí proliferaba.
Tras la explotación del subsuelo, se pasó al
cultivo de la viña.
Con sangre, sudor y lágrimas nuestros antepasados
domaron las escarpadas laderas y construyeron terrazas
donde plantaron viñedos de castas nobles que
gracias a un microclima favorable y a una altitud
de 300 metros produjeron néctares dignos de
llevar a la "Quinta do Estanho" a ser incluida
en la primera denominación de origen de "Vinhos
de Feitoria". Esta designación fue concedida
en 1757 por Sebastião José de Carvalho
e Melo, "Marquês de Pombal", y Primer
Ministro del Rey D. José I.
Los tiempos corrían de maravilla, pero he
aquí que se abate sobre la región la
plaga de la filoxera, destruyéndolo todo,
sembrando tristeza y desaliento en la otrora fastuosa
quinta donde hoy sólo quedan las ruinas de
una casa y una bodega. Son estos edificios los que
en la actualidad sirven como logotipo a los productos
de la Quinta.
Ya en el segundo cuarto de este siglo, Jaime Acácio
Queiroz Cardoso, abogado, regresa de Brasil e, imbuido
de la ancestral tradición familiar del cultivo
de la viña y de la producción vinícola,
llama a la reconversión de la propiedad. Con
pulso fuerte, muchos sacrificios y lágrimas
de sangre fue reconstruyendo la "Quinta do Estanho".
Habiéndole dado el perfil que hoy muestra,
mecanizándola y plantando variedades de uva
seleccionadas: Touriga Francesa, Tinta Roriz, Tinta
Barroca y Mourisco para los vinos tintos; Malvazia
Fina, Malvazia Grossa, Gouveia y Rabigato para los
vinos blancos.
Y para que la tradición no se perdiese, inició a
sus hijos en el arte del buen cultivar y producir
los ya afamados vinos de la "Quinta do Estanho".
Si bien es cierto que el dios Baco bendijo esta
quinta, también es verdad que este abogado/labrador/viticultor
supo apropiarse de los ancestrales secretos de la
familia, actualizarlos de acuerdo a las nuevas tecnologías
y producir productos vinícolas que ennoblecieron
la región por su calidad y por ser apreciados
por enólogos y aficionados tanto en Portugal
como en el extranjero.
Aprovechamos para dar nuestros agradecimientos al
Excelentísimo Señor Carlos Soeiro,
Enólogo-Catador que con su colaboración
en la elaboración de las fichas de cata nos
ayudó a dar crédito a nuestros vinos.
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